(...)Sólo más allá de la angustia ocurre el acto. Podríamos decir, entonces, que sólo en el exilio de los grandes sentidos surge la escritura, la producción de un sentido que pueda revertir incluso el pasado.
Esto tiene directa relación con la corrompida autonomía de la literatura con la nombrada inmigración de Piglia. Una inmigración que trae consigo no sólo nuevos habitantes, sino que destruye identidades nacionales y valores tradicionales.
(...)
Entonces, somos lo que contamos para circunscribir la identidad, lo que hace cuestionarnos ¿Cuál será la verdadera historia? ¿Cual será esa historia verdadera a nivel del sujeto individual? ¿Es una historia que se compone de autenticidad o entorno a lo que cuenta el pueblo? ¿Hay historia verdadera o sólo estamos en presencia de pura mitificación? Pese a que las respuestas a éstas preguntas nos mantienen al filo del desconocimiento vital, se nos presenta ahora, un nuevo sentido interpretativo comunitario. Ahora, la verdadera historia es siempre la que se hace en alteridad. El mito se nos presenta como una dádiva. Es una historia que se nos regala.
(...)
Es así como la cultura se constituye como el existir en la superación de la conciencia, en donde hay una identificación mítica del pecado.
Es una cultura que se nos presenta no sólo como técnica, sino también como cobertura. Es un hábito, pero al mismo tiempo, constituye una vestimenta.
¿La cultura, por tanto, es obra divina o sólo excrescencia? ¿El hombre es un animal divino o enfermo?
A contar de lo anterior, podemos deducir que toda recepción del pensamiento se da en el sujeto. Pero aquella reflexión instaurada en, quién sabe, algún topos determinado, es lo que nos mueve a interpretar y a situar nuestra tradición; indeterminada, por tanto, de cualquier límite de apariencia.
Es una cultura que se nos presenta no sólo como técnica, sino también como cobertura. Es un hábito, pero al mismo tiempo, constituye una vestimenta.
¿La cultura, por tanto, es obra divina o sólo excrescencia? ¿El hombre es un animal divino o enfermo?
A contar de lo anterior, podemos deducir que toda recepción del pensamiento se da en el sujeto. Pero aquella reflexión instaurada en, quién sabe, algún topos determinado, es lo que nos mueve a interpretar y a situar nuestra tradición; indeterminada, por tanto, de cualquier límite de apariencia.
Aletheia
Extractos del ensayo "La ajenidad (de)forma"


