febrero 15, 2008

No me mimes


No necesito decir...
A Marcel Marceau

MAYBE

Maybe

Oh if I could pray and I try, dear,You might come back home, home to me.


MaybeWhoa, if I could ever hold your little hand


Oh you might understand.Maybe, maybe, maybe, maybe, yeah.


Maybe, maybe, maybe, maybe, maybe dearI guess I might have done something wrong,


Honey I´d be glad to admit it.


Oh, come on home to me!Honey maybe, maybe, maybe, maybe yeah.


Well I know that it just doesn´t ever seem to matter, baby,


Oh honey, when I go out or what I´m trying to do,


Can´t you see I´m still left hereAnd I´m holding on in needing you.


Please, please, please, please,Oh won´t you reconsider babe.


Now come on, I said come back,Won´t you come back to me!


Maybe dear, oh maybe, maybe, maybe,Let me help you show me how.


Honey, maybe, maybe, maybe, maybe,


Maybe, maybe, maybe, yeah,Maybe, maybe, maybe, yeah.


Ooh!
A la memoria
Janis Joplin


Esta fue una tarde como aquellas.

Una de esas que es distinta a la otra pero igual a la anterior esperando no ser la misma.

Esa que busca de mí, acá donde estoy pero que corre para no estar donde siempre estuvo.

Esa complicada como ahora que es simple de noche teniéndote entre mis piernas.

Esa que añoro.

Ese sábado.

Ese mañana.

Ese pronto.

Ese hasta pronto.



Aletheia

A ese pronto que no se apronta

Blancura Estoica

Rojo, amarrillo, azul, verde… y todos amontonados. Negro, café, celeste, turquesa y algunos atormentados. Amarillo nuevamente coqueteando con el blanco, distendiendo las palabras, los objetos, las sábanas. Sí, cuestión álgida.
Cuestión de filamentos y de órganos. Cuestión más bien de garganta, de pluma, pincel y fluidos.

Movimientos rotatorios. Encandilante belleza suprema. Aforismos, retos, publicaciones extrañas y comedia. Todo un sin fin de pensamientos amorfos y retorcimientos mentales.
Amargura inexistente y sufrimiento perenne. No patenta hostilidad, avaricia enferma ni impureza.
...Y el blanco sigue suspicaz, tenue y reluciente, dulce y amargo, frío, ¿frío? Ese frío tranquilizador, sí. Ese frío. Ese hielo que derrite pensamientos, que congela llantos y detiene demonios. Que “es” demonio, que no es ángel, pero que endiabla el cuerpo…y somete.
Somete brazos, piernas y ojos. Somete la garganta. Somete saliva tibia que turba. Saliva que trepa en silencio las voces estoicas. Estoica que es tu vida, también, sí, tu vida.

Movimientos giratorios. Suprema belleza encandilante de encandilante belleza suprema, que gira, gira, gira, que vuelve, que empujo, que intriga, que tiñe.
Aletheia

A ti...frío álgido que endiabla el cuerpo

abril 11, 2006

Fríos desgarramientos


Todos parecían desear el regreso. Al menos docientas personas esperaban auxilio en aquel lugar tan inóspito de satisfacción.
En ese instante, la música comenzaba a inundar mis oídos.
Disfrutaba del deseo de todos mientras observaba a uno entre ciento noventa y nueve que me parecía conocer.
Estaba tratando de descifrar al menos la última conversación con ese sujeto, cuando se aparecen dos niñas diciendo:
-¿Me da una moneda de cien pesos?
Estaban con sus rostros sucios, olían a piel y sus vestidos tocaban casi el suelo.
Introduje mi mano al bolsillo para sacar algo de dinero. Las niñas miraron mis manos y en un afán por no perder su cliente, agregaron:
-Mire como tengo las manos - dijo una de ellas. Su mano pequeña tocó la mía y estaba tan helada como la de cualquiera de nosotros en el lugar.
¡Estamos muriendo de frío! - agregó.
No sé por qué sonreí. Sólo pude decir:
-Está bien. No te preocupes, sí te daré dinero.
Después de entregárselo, muy agradecidas se fueron las dos pequeñas recorriendo toda la columna de personajes histéricos, tristes, enojados e indiferentes.
Ma de alguien les dio algo de sus bolsillos. Más de muchos se entretuvieron en hacer ese movimiento en su espera.
Nunca me había enfrentado a dos inocentes criaturas que tuvieran tal control de sus estrategias o tal vez he conocido demasiadas. He ahí la causa de mi sonrisa (y ahora de mis carcajadas).
Seguíamos esperando el carrito mágico y ellas ya habían llegado a su destino. Tenían las esperanzas en su mano, una sonrisa en su rostro y los dedos fríos por tanto tocar los metales de las monedas.
De tanto irrumpir en momentos ajenos, en lugares ajenos y en palabras ajenas. Terminé por comprar pasos en falso.

abril 09, 2006

Treinta y cinco minutos en una boletería del metro


Escucho, pero con dificultad.
Con dificultad como la del champagneaso de Coco Rosie. Como los acordes que intentan salir de mi garganta abatida de tanto cantarle a los papeles rotos, rojos, rocosos.
Así de dificultoso y embriagante fue la espera. La espera no por su presencia sino por el sueño que debía traer y que me pertenecería.
Intentaba no perder a nadie de vista, pues la gente tiende a escabullirse. Aunque difícil hubiese sido que lo intentase siquiera, pues a ratos el lugar quedaba desolado y los peldaños no traían más que el viento con ellas.
Observaba detenidamente los bolsos que traían con ellos tratando de divisar alguna señal que me indicara que venía mi ojo caleidoscópico.
Algunos se percataban de ello (más de alguno que pensó en coqueteo, más de alguna que pensó en un loquero y más de muchos que no pensaron).
Otros como aquel respondían con miradas inquisitivas. Otros como aquella no pareció vislumbrar mi mirada, ni la del guardia, ni la de la joven que le entregó un boleto a cambio de su dinero, ni la de las escaleras (o al menos eso deseé).
...Una mochila, una maleta, un bolsillo, una chaqueta, alguien tose, ellas se ríen, ella come una manzana con la boca abierta, nuevamente inhóspito y ...de ella ni luces, ni sombras, ni pasos, ni bolsos.
Llevaba ya veinte minutos y él llegó corriendo. Movía los dedos y no paraba de rascar su cabeza (y en realidad no quería que dejara de hacerlo).
Mientras le cantaba, llegó a su fin mi espera. Ella traía mi ojo caleidoscópico que no era mío pero que ansiaba serlo.
...¿Tú eres?...yo soy...No hizo falta preguntar nombres ni datos innecesarios. Tomé en mis manos mis anhelos y dejé en las suyas mis pesadillas.
Y así continué fotografiando los vagones, las distancias y las escaleras enmudecidas.
Aletheia
A propósito de las miradas vacías

Delirios (Quinta parte)


Nuestropaísesunalúdicacaretamelancólica.

Aletheia
A Juan Luis Martínez

Delirios (tercera parte)

Estoy de acuerdo contigo Claudio
¡Puta que manera de emputecerme la huevá del morbo,
la estupidez y la enorme mediocridad!

Aletheia
A Claudio Bertoni

abril 08, 2006

Espinosa conciencia


No saber
No escuchar
No callar
No reir
No evadir
No tocar
No olvidar
No pensar
No esperar
No llorar
No ignorar
No gritar
No rozar
No omitir
No sentir
No obligar
No mirar
No abortar
No luchar
No elegir
No ayudar
No besar
No lograr
No esconder
No decir
No inmiscuir
No vivir
No entregar
No recordar
No gemir
No escapar
No negar
No transar
No eludir
No soñar
Tantas negaciones para un sólo No amar
Aletheia
A ti, a mí y a nosotros.

Deliros (Novena parte)


Déjame crear microclimas de sensatez...

Aletheia
A claudio Bertoni

¿Pérdida? ¿Perdida?

Cerró la puerta con llave, con doble llave, con triple llave, con todas las llaves que existen, que más que llaves son vueltas de llave...y así al infinito.
Acostumbraba encerrarse al estar en casa y a dejar de par en par las puertas una vez que iba de salida.
Abrió cajoneras, cajas y pensamientos, disponiéndose a guardarlo en su estrecho bolso, tan estrecho como los pasillos que daban a su habitación.
Todo decía que este sí sería el viaje que pondría fin a la incógnita. Ese viaje que había esperado toda su vida, toda su lenta y corta vida.
No tenía mucho que guardar, pero si bastante que perder si se olvidaba de llevarlo todo.
Sacó de su bolsillo una boleta de la farmacia de la esquina (de una de las tantas donde había una farmacia). Al reverso tenía la lista que había hecho con apuro dentro de la cabina telefónica acerca de lo que pretendía llevar a su viaje.
No había tenido tiempo de lavar, ordenar y limpiar, aunque nada sucio o que no estuviese en su lugar apremiaban dichos actos.

Abrió la puerta con llave, con doble llave, con triple llave, con todas las llaves que existían, que más que llaves eran vueltas de llave…y así como en un comienzo.

Nadie se extrañó al verlo partir, así como tampoco nadie se acercó a despedirse.
Yo miraba tras la mecedora de mi abuela como tras tropiezos aquel viajero se apresuraba a llegar a algún lugar.
Miraba su reloj y tosía mientras sus botas se empolvaban.
En su mano izquierda llevaba un libro. En su otra mano el bolso y un mapa.

Rápidamente entre a mi casa, tomé un abrigo y salí por la puerta trasera.

Aquel viajero se había detenido en la esquina de la avenida esperando la luz cambiara.
No se me ocurrió otra cosa que llegar a su lado y esperar con él el paso peatonal.

-¡Pensé que no llegarías!- me dijo.
Su mirada era una de las más hermosas que he visto, y ¡Vaya que han pasado tantas por mis ojos! Su piel era clara y tersa. Tanto que parecía no haber ocupado espacio en ella, pues no existía huella alguna de recorrido vital. Tenía la nariz poco prominente y sus labios parecían ser seda de la más noble.

-¡Pensé que no llegarías!- repitió.
-Lo sé- respondí.

Aún me pregunto por qué lo hice.

Nuestro viaje fue poco usual. Hablamos mucho. Hablamos de todo lo que se dice y se calla, de todo aquello que vemos y de todo aquel que nos ve.
Insistía en llamarme Vicente, mas nunca repliqué aquello. La verdad es que ni siquiera yo sabía mi verdadero nombre.

Pasaron 28 años antes de darme cuenta que he vivido sin preguntas acerca de él.

Todos los días lo paso a buscar para los ensayos, pero nunca lo encuentro en su casa.
Con el tiempo me acostumbré a no golpear, ya que, sabía que si su puerta estaba abierta, él no estaría en su interior.

Siempre lo encuentro en el mismo lugar. Siempre lo encuentro en la Avenida antes de cruzar. Del mismo modo como todos los días, posa sus ojos en mí, respira tranquilo y exclama:

-¡Pensé que no llegarías!

Aletheia

A los que estuvieron, a los que se fueron y a los que ya no están (que siguen siendo los mismos).

El pequeño genio

...yo no dejaba de miralo. Parecía aterrado y famélico. Entonces dirigió sus ojos a su madre tras escuchar una sirena, y dijo:

-¡Mamá!: ¿Por qué la gente se está muriendo?

Mis piernas comenzaron a temblar.
Al próximo paradero descendí del bus.

Aletheia
A propósito de un niño con el que tuve la suerte de compartir mi viaje en transantiago

Movimientos


Mi muñeca volvió a hablar: "Estoy agotada de tanto escribir".

Aletheia
En agradecimiento a todas las muñecas analfabetas

Un cansancio multicolor


He regresado a penetrar esta noche sonámbula
(que no es en mí, sino por mí)
A cautivar la luna y a hacer suspirar al viento.
Siento el temor del tiempo que separa en mundo el mundo.
Tras los escondidos, llenos de lodo
se vislumbra un poder que me pertenece.
Su debilidad es mi sutileza callendo ante sus propios rostros
envenenados y atemorizantes.
Las imágenes del pasado quedan como tales.
He olvidado el rostro de la multitud y
nada más añoro que la brumosa calidez de mis sueños despiertos.
El frío de esa noche desierta de suspensos,
llena de un todo pasajero y distante
marchita la rosa sedienta de piel.
Camino.
Camino ligero.
Recorro el fuego que provoca el encierro.
Comienzo a disfrutar la agonía mientras desaparezco en él (en el)
...horizonte.
Se esfuman las palabras antes del descanso.
Aletheia
Al bufón con el que quise tropezar en calle Merced

Manteniendo la distancia

¡Toma!
De ese espíritu impaciente un aliento
¡Calla!
Ese aliento que sabe a fruta y café
¡Putrefacta locura!
Rescata la pasión de los actos
Aletheia
A propósito de la liberación...de todas ellas

Sobre reptiles y peces


El árbol ya no desciende las praderas aumentadas en mis pasos.
No desea descender a los pies de los reptiles, ni caminar acompañando a los peces.
Tampoco bordar mientas la lluvia cubre los rostros disimulando el temor de ser vistos.
La vergüenza de demostrar, la vergüenza de ser, de ser ahí, de ser en sí, de ser-pientes y otras cosas.

Mientras la vela sigue encendida, las luces perdidas prendidas y el cielo iluminado y mientras mentes bien despiertas mienten sobre pozos turbios, te acicalas el espíritu con remordimientos creativos.

Él lo mira, ella gira. Aquella se cruza y yo tropiezo en un basurero.
De todas formas me devuelvo y asciendo al árbol.
Tiemblo y continúo escribiendo.
Aletheia
A própósito del arrepentimiento de un lagarto

abril 07, 2006

Las palomas del Pedagógico


Me rasco la cabeza, justo en el lugar donde tengo cabello.
Ahí mismo, sí.
Ahí mismo donde obró una o varias palomas juntas al salir yo de clases.
Y no me refiero a tantas chicas llamadas Paloma, sino a una de carne, huesos y plumas.
Aunque no faltará la que ande por ahí echando vuelo, pero de poca probabilidad de ser gris, posar en la rama de un hermoso árbol y literalmente defecar a cuanto peatón se atreva a ocupar su espacio, el espacio para hacer sus necesidades básicas. Que no son ni básicas ni cardinales.
Cardinales tal vez sí, como los puntos que recorren mi escritura. Como el Norte, donde quise arrancar cuando me seguías. Como el Sur, donde viví pero no recuerdo cuándo. Como el Este (y no éste) , donde bailé hasta que se me gastaron los zapatos (aunque eran zapatillas....y de muy mala calidad). Como en el Oeste, donde arrastré la basura que me pidieron deshacer.
Y me sigo rascando la cabeza, aunque ya me pican los dedos de tanto acariciar las historias y no poder poder posarlas en un árbol. Y no poder posarlas para deshacerme de ellas, como lo hacen las palomas al pasar gigantes deseosos de contar algo de lo cual nunca fueron parte, sino lastre.
Aletheia
A propósito de mi cabello

¿Eloísa es travesti?


Llevo horas sonriendo frente a esta máquina desgraciada, pero más agraciada que yo por no tener que soportarse a sí misma.
Horas que podría estar ocupando en dormir, en estudiar, o en hacer nada.
Horas que he perdido sonriendo a no se quién y no se cuándo.
No puedo creer que después de esto, siga con exorbitante alegría, sabiendo que la única que la corresponde es Ella, sí, ella: Eloísa.
Eloísa es frágil y alegre. Cariñosa cuando quieren... o mejor dicho, cuando quiero; y silenciosa...siempre, siempre que quiero.
Tienes los cabellos rojos, los ojos vivaces y un rostro que cautivaría a cualquiera...o mejor dicho, a mí.
Nunca se cambia de ropa porque sencillamente no le interesa.
Es por eso que me apasioné un día cualquiera, por no decir hoy, por no decir ahora, en ordenar un poco su única muda.
¡No puede ser!- Me dije (en realidad no me dije, sino que grité)
-!Mi muñeca Eloísa es un muñeco!
Tras su lindo delantal rosado se escondía una bombacha de marinerito azul.
Y aunque no lo crean, continúo sonriendo después de descubrir que mi Eloísa es un travesti. Y no me aproblema, porque al fin entiendo todo.
Como dijo alguien, en algún momento y en algún lugar (y me muero por saber donde) "Las musas llegan en formas enigmaticas ¿no?"
Aletheia
A propósito de que mi muñeca(o) me habló

Encierro

"Si el Círculo de la Familia es realmente el lugar donde se encierra a los niños es posible pensar que cuando la familia desaparece los niños quedan libres y ese círculo se reduce entonces a un círculo más pequeño, a la medida del niño que ya se ha convertido en un hombre. En ese mismo círculo de piedra ahora vemos a un hombre".
Juan Luis Martínez
Fragmento de "La Nueva Novela"

A través de ti


Creí haberlo visto todo, pero siempre logras sorprenderme...

Aletheia
A mi amigo inseparable Caleidoscopio

Sueño de pizarra


¡No se compliquen, por-que esto es muy fácil!
¡Y sigo llorando de risa!
Mas, ¿Qué tan fácil?
Tan fácil como caminar cuando ya lo has hecho cien-tos de veces.
Tan fácil como llorrar cuando has derramado tres-illos de dolor.
Tan fácil como mirar cuando tus ojos se cansan de tenerlo todo y uno a la vez.
Fácil como decir que en la suma basta
con restar las divisiones de la multiplicidad
repleta de simplicidad.
Digo repleta porque ya olvidé cómo contar.
Como contar esta historia que se está haciendo y que se hizo en su pizarra,
en sus cálculos, hasta en sus salu-dos.
Fácil como escuchar sus pasos en el corredor,
desafiante, insitente, resta-nte.
Fácil como el recuerdo de sus ojos inquietantes tras sus gafas,
aumentadas.
Fácil como el recuerdo de sus letras disminuidas.
¿Será que ya no me parece tan sencillo
imaginar un pa-cien-te,
crear un moribundo,
embarazarme de un cadáver?
Por-que es difícil in-tentar hablar en silencio al desastre.
difícil como a-tentar contra el falleci-miento
difícil como alguna vez no mencionaste
difícil como recordar la sencilla fórmula de recordarte.
Aletheia
A mi querido profesor de matemáticas Carlos Romero
Gracias por dividir la suma de mis partes

Más de una vez


Más de una vez te susurré al oído:
"¿Dónde estuviste todo este tiempo"?
Pero tu oído no hizo más que escucharme.
Más de otra vez le susurré a tus dedos:
"¿Dónde estuvieron todo este tiempo"?
Pero tus dedos no hicieron más que tocarme.
Más de aquella vez le susurré a tus labios:
"¿Dónde estuviste todo este tiempo"?
Pero tus labios no hicieron más que callarme.
Más de muchas veces le susurré a tu frente:
"¿Dónde estuviste todo este tiempo"?
Pero tu frente no hizo más que envenenarme.
Y aquí me tienes como tantas veces, susurrando a tu recuerdo:
"¿Dónde estuviste todo este tiempo"?
Pero ni la tierra que te abraza hace un esfuerzo por responderme.
Ni los años,
ni las fotos,
ni los llantos por tu muerte.
Aletheia
Una paradoja dedicada a un pésimo actor

Silencio


Tres años de silencio fueron suficientes para comprobarlo:
no hay vida sin pausas, caminos sin derrumbes,
pasos sin tropiezos y miradas
sin cegueras.
Miradas
temporales, atemporales, intemporales, extemporales.
Eso es más que suficiente.
Y más que suficientes fueron los gritos que me desgarraron,
las voces que me azotaron, las palabras que me abandonaron.
Esto es más que suficiente.
Aletheia
A aquel que guarda silencio

Delirios


¡Pídeme lo que desees!, pero bésame el cabello...
Aletheia
A Claudio Bertoni

(¡Así!) Yo no te conozco


¡Así! parece la implacable locura
dejada de lado,
tomada por entre la corteza del
absurdo.
¡Así! apareces descompensando estructuras, cavando en fisuras.
¡Así! te apareces desprovisto de ropajes,
de cadenas,
de monturas, de molduras, de-s-pro-visto de censuras.
¡Así! desapareces soldado desorientado,
birlando cuerpos desnudos,
tomando manos inquietas
y
colmando de carne tus labios.

Aletheia
A Claudio Bertoni

Herejía


Según el manifiesto de las estrellas y esto no es cosa de hoy
ni de ayer, pase lo que pase hay que salvar al hombre
de tanta injusticia, hacerlo grande sin
Inquisición, en un asalto al cielo
libre, pero el pobrehombre nace y muere solo
con su soledad y su demencia
natural en el bosque
donde no cabe la piedad ni el hacha.

Gonzalo Rojas

Hogar dulce Hogar


el cáncer
la muerte no sería tan mala
si se pudiera traer a casa
si no hubiera que levantarse
si no hubiera que salir de la cama
si no hubiera que subirse a una ambulancia
si no hubiera que vivir en un hospital
si no hubiera que vivir entre desconocidos
si no hubiera que prescindir de las frazadas
del color de las frazadas de la casa
de la temperatura del color de las frazadas de la casa.

Morir no sería tan malo si todo pasara en la casa
y con los de la casa
si uno tuviera la suerte de tener una casa

lo peor del cáncer y de la muerte son la burocracia y el ajetreo
de los cambios de ropa y el frío de los pasillos y el frío de
las miradas de los extraños (de los que no sufren porque tú sufres
de los que no sufren porque tú vas a morir)
y la indiferencia de las calles y de los muros de las calles
y la indiferencia mortal del hospital y de todo lo que lame
y cubre por dentro a un hospital.

Morir no sería tan malo
sufrir no sería tan malo
si se sufriera en la casa
si se supiera que nada ni nadie nos sacará
-en caso de morir o sufrir-
...........................................de la casa.
Claudio Bertoni

abril 06, 2006

La ajenidad (de)forma

(...)
Sólo más allá de la angustia ocurre el acto. Podríamos decir, entonces, que sólo en el exilio de los grandes sentidos surge la escritura, la producción de un sentido que pueda revertir incluso el pasado.
Esto tiene directa relación con la corrompida autonomía de la literatura con la nombrada inmigración de Piglia. Una inmigración que trae consigo no sólo nuevos habitantes, sino que destruye identidades nacionales y valores tradicionales.
(...)
Entonces, somos lo que contamos para circunscribir la identidad, lo que hace cuestionarnos ¿Cuál será la verdadera historia? ¿Cual será esa historia verdadera a nivel del sujeto individual? ¿Es una historia que se compone de autenticidad o entorno a lo que cuenta el pueblo? ¿Hay historia verdadera o sólo estamos en presencia de pura mitificación? Pese a que las respuestas a éstas preguntas nos mantienen al filo del desconocimiento vital, se nos presenta ahora, un nuevo sentido interpretativo comunitario. Ahora, la verdadera historia es siempre la que se hace en alteridad. El mito se nos presenta como una dádiva. Es una historia que se nos regala.
(...)
Es así como la cultura se constituye como el existir en la superación de la conciencia, en donde hay una identificación mítica del pecado.
Es una cultura que se nos presenta no sólo como técnica, sino también como cobertura. Es un hábito, pero al mismo tiempo, constituye una vestimenta.
¿La cultura, por tanto, es obra divina o sólo excrescencia? ¿El hombre es un animal divino o enfermo?
A contar de lo anterior, podemos deducir que toda recepción del pensamiento se da en el sujeto. Pero aquella reflexión instaurada en, quién sabe, algún topos determinado, es lo que nos mueve a interpretar y a situar nuestra tradición; indeterminada, por tanto, de cualquier límite de apariencia.
Aletheia
Extractos del ensayo "La ajenidad (de)forma"

El 'darse cuenta' como tragedia


"...borrarán, olvidarás, confundireis, no escucharás, pues nunca hubo ruta ni señal alguna..."

Borrarán aquello que estaba, olvidarás lo que tomaste de aquello precenciable, confundiréis lo que se olvida con las señales presentes, no escucharás en el olvido dichas huellas, pues nunca hubo ruta tras esas confusas marcas.

Un proceso de extrañamiento que impulsa el desprendimiento de la conciencia de un cuerpo necesario (¡Mujer!).

Una conciencia sin linealidad y una desaparición inundada de divagaciones.

Cinco años permanece lo plasmado. En diez años actúa el olvido. A más de alguien atormenta la confusión e inversión productora de sordera. Mas, la conciencia extraviada, pierde su sentido en la desaparición por negación del instante.

Aletheia
A propósito de Juan Luis Martínez "La desaparición de una familia"

Transposición del alma



Toda palabra precede nuestra existencia. Todo decir antecede el propio decir. Toda palabra se presenta como un suceso que no tiene pertenencia.
Esta vida, nuestra vida construida de palabra, es un tener inexistente, una construcción con materiales tomados del derrumbe de una vida pasada; intentando mantener su originalidad en un presente alimentado de huellas literarias.
Entonces ¿Qué se traduce cuando se traduce? (y a lo lejos retumban en mis oídos los gritos de Borges). Al parecer es incluso más pretencioso y soberbio de responder, que el ya conflictivo intento de representar fielmente el sentir carente de sonido. Incluso (¿O excluso?), el gesticular tendría más intensidad y llegada (como si importara más que la partida), que un discurso distosionado por el camino tambaleante de la transposición del alma.
Se observa, a saber, una suerte de cración supeditada a creatividad esencial e inspiradora: Una unión naciente de la incompatibilidad suprema y terrenal.
La traducción de un texto, por tanto, no conlleva el grado de dificultad ni el evidente margen de error que produce el paso antecedente a ésta: la de volcar asertivamente el alma en el lenguaje bajo estructura normativa.
Es un peligroso juego de equiparación de "lo que es" y lo que "se dice que es", que es más un decir de decires. Una verdad contaminada por su propia expresión.
Tampoco se piense que el original cuenta, valga la redundancia, con la misma originalidad como característica. Asi, por el contrario, es un estar siendo imposible de aprehenderse a sí mismo.
No es la equivalencia de palabras lo que es menester en una traducción como sinonimia de expresión idiomática e ideomática; es más bien, el sentido. Es éste el responsable de sopesar lo que está dicho y su forma.
En la traducción está la pérdida constante del valor original, el cual presencia su propia aniquilación.
Toda traducción, es necesaria deslealtad tras quiebres unificadores. Un llamado lenguaje puro.
Aletheia
A propósito de W. Benjamin en "La tarea del traductor"

La división es lo que constituye al sujeto



"Las razones para escribir un libro pueden ser remitidas al deseo de modificar las relaciones que existen entre un hombre y sus semejantes. estas relaciones son juzgadas como inaceptables y son percibidas como una miseria atroz"
Georges Bataille
No pensemos que este deseo de modificación se presenta como simple altruismo en pos del bien común.
Si nos detenemos a analizar, nos daremos cuenta que va de la mano a la necesidad de cubrir un ansia de poder; a saber, ese llegar a la masa y de alguna forma convencer.
La escritura es una herramienta (¡Y vaya que me acongoja el sólo hecho de plantearlo así!... concepto carente de belleza) que puede ser utilizada tanto explícita, como implícitamente para trastocar significados en el papel de acuerdo a un contexto. Es ahí donde, precisamente el autor, debe ser capaz sutilmente de llevar a otros al auto convencimiento; transportándolos en un viaje de belleza estilística, obviando así, toda intención demagógica por el autor.
Pero, ¡Cuidado lectores empedernidos, ávidos de conocimiento!, las palabras no desaparecen al término de un escrito, mucho menos al desechar una hoja de papel.
Esas frases parasitan de sus inconscientes. Se alimentan de sus ojos...
Como se darán cuenta, queridos lectores, les será imposible olvidar las palabras de una mujer atada y liberada al mismo tiempo, por las cadenas que ocaciona el lenguaje, pensando cándidamente poder deshacerse de una vez y para siempre, de lo que en algún momento leyó.
Aletheia
A propósito de G.B

noviembre 15, 2005

(…)




...A la memoria de alguien que no desea recordar

Lleva dos días perdida en el sofá
y toda la vida perdida en los días.
No quiso escuchar ni decir,
mas ató sus brazos suplicando engaños.


Yo la vi partir enceguecida por el
olvido
des-tro-za-da,
alimentando sus oídos con el (con él)
crujir de las hojas, de los ojos, de los hijos.


Su rostro cortó al viento, como las palabras su rostro.


Ahora en reversa: el silencio
un espejo
el mismo sofá
y el agua putrefacta de ajenas fotografías,
de imágenes borrosas.


Los colores de su piel, se diluyen mientras se
asoman.
Su rostro colmado de pasado
se pierde.


...Hoy me encuentro en su sofá,
perdida en los días.
Mis oídos no soportan el crujir de esas hojas.
No callo y escucho, tal vez observo.


Los pasos gritan tu ausencia y...

¡Ya me cansé! Tan simple como eso.
Sin maquillaje, sin "manierismos"
y
sin
fuerzas.
(Ya me cansé de hablar entre paréntesis)
Aletheia
A el-la