
¡No se compliquen, por-que esto es muy fácil!
¡Y sigo llorando de risa!
Mas, ¿Qué tan fácil?
Tan fácil como caminar cuando ya lo has hecho cien-tos de veces.
Tan fácil como llorrar cuando has derramado tres-illos de dolor.
Tan fácil como mirar cuando tus ojos se cansan de tenerlo todo y uno a la vez.
Fácil como decir que en la suma basta
con restar las divisiones de la multiplicidad
repleta de simplicidad.
Digo repleta porque ya olvidé cómo contar.
Como contar esta historia que se está haciendo y que se hizo en su pizarra,
en sus cálculos, hasta en sus salu-dos.
Fácil como escuchar sus pasos en el corredor,
desafiante, insitente, resta-nte.
Fácil como el recuerdo de sus ojos inquietantes tras sus gafas,
aumentadas.
Fácil como el recuerdo de sus letras disminuidas.
¿Será que ya no me parece tan sencillo
imaginar un pa-cien-te,
crear un moribundo,
embarazarme de un cadáver?
Por-que es difícil in-tentar hablar en silencio al desastre.
difícil como a-tentar contra el falleci-miento
difícil como alguna vez no mencionaste
difícil como recordar la sencilla fórmula de recordarte.
Aletheia
A mi querido profesor de matemáticas Carlos Romero
Gracias por dividir la suma de mis partes
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